Policías entran y salen, son algo así como las 9:30 de la noche, la prensa grafica amarillista toma las fotografías más atroces posibles de la escena del crimen, estación Colon es un pandemónium, gente histérica, paramédicos haciendo hasta lo imposible por reanimar al único posible sobreviviente del atroz crimen cometido hace apenas unos minutos, los “fara fara” ya no cantan, se han quedado mudos ante lo que sin duda es la peor tragedia que el metro de Monterrey ha vivido… al fondo un reportero de la televisión relata cómo en una noche cualquiera 4 individuos sin relación aparente han sido asesinados en uno de los vagones por un hombre que termino suicidándose.
Atónito igual que todos no dejo de pensar que quizás después de todo Jorge no estaba tan demente como había imaginado, yo conozco la historia de los cuatro en cuestión, pero más conozco la de Jorge, irónicamente llego a pensar que ha sido lo mejor, después de todo y está mal que lo diga, es precisamente esta lacra social la que nos tiene tan jodidos, sin duda un final bizarro, el otrora “Centella” conocido en el argot como “el desnucador” se convirtió hoy en algo así como “la mano de Dios”, la ironía esta pues en que aquel individuo (Jorge) que llegue a considerar auténticamente un enfermo mental por sus aires mitómanos agregados a su casi homosexual narcisismo y las “voces” que según él lo aquejaban, hoy se ha consagrado como un antihéroe y de leyenda por cierto.
Enciendo un cigarrillo, esbozo una sonrisa y me retiro de la escena, -que nochecita, no? Joven- me dice un anciano vestido a la usanza agraria, a lo que contesto sarcásticamente: “y aun falta lo mejor”.
Atónito igual que todos no dejo de pensar que quizás después de todo Jorge no estaba tan demente como había imaginado, yo conozco la historia de los cuatro en cuestión, pero más conozco la de Jorge, irónicamente llego a pensar que ha sido lo mejor, después de todo y está mal que lo diga, es precisamente esta lacra social la que nos tiene tan jodidos, sin duda un final bizarro, el otrora “Centella” conocido en el argot como “el desnucador” se convirtió hoy en algo así como “la mano de Dios”, la ironía esta pues en que aquel individuo (Jorge) que llegue a considerar auténticamente un enfermo mental por sus aires mitómanos agregados a su casi homosexual narcisismo y las “voces” que según él lo aquejaban, hoy se ha consagrado como un antihéroe y de leyenda por cierto.
Enciendo un cigarrillo, esbozo una sonrisa y me retiro de la escena, -que nochecita, no? Joven- me dice un anciano vestido a la usanza agraria, a lo que contesto sarcásticamente: “y aun falta lo mejor”.

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